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 México, su historia parte 12

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MensajeTema: México, su historia parte 12   Sáb Ene 10, 2009 6:26 pm

La república también había visto en la minería la esperanza de volver a la opulencia del siglo XVII. En 1824 sustituyó las cargas fiscales que pesaban obre ella por un impuesto del 3% sobre el valor del metal, y autorizo la libre importación de azogue.

La publicación del libro de Humboldt había despertado ya el apetito Europeo por las riquezas de las colonias españolas. Alemanes y franceses no quisieron quedarse atrás, y formaron la compañía Alemana de Indias.

Zacatecas fue el estado que continuo explotando sus minas con mayor éxito. Alaman fue un importante promotor de la minería, como también de la industria. No solo logro atraer el capital, sino que derogara la prohibición de que los extranjeros explotaran las minas.

La industrialización fue el sueño de algunos visionarios de aquel tiempo. Alaman se percato con claridad de los problemas que suponía el desarrollo industrial, la necesidad de capital, de mecanizar las manufacturas existentes, eximir de impuestos la importación de maquinaria y decretar tarifas protectoras. El entusiasmo fabril fue tal, que no se desanimó con los obstáculos, ni con los impuestos que aparecieron con el tiempo, ni siquiera con la extinción del Banco de Avío en 1842.

La agricultura cuya producción se redujo a la mitad con las guerras de independencia, tardó bastante en recuperarse de la pérdida de tantos brazos que trabajaban. A diez años de la consumación de la independencia, los campos de México aún tenían un aspecto desolado, la inseguridad había dejado los poblados casi abandonados. Hasta los años treinta no se estabilizó el precio de la tierra.

A pesar de todo, los peones siguieron trabajando y las haciendas comenzaron a mejorar. Michoacán solucionó el problema con la repartición de tierras de la comunidad el 18 de enero de 1827, dando a cada familia posesión y propiedad exclusiva de su porción correspondiente.

Al igual que al comercio, la inseguridad afectó a la agricultura. Los hacendados se vieron obligados a organizar su propia defensa mediante piquetes de rancheros contra indios salvajes en el norte o contra los bandidos de otras regiones. Los bandidos trataban con consideración a los propietarios para obligarlos a entregar el dinero a cambio de dejárseles en paz.

El comercio que había alcanzado un cierto desarrollo en el siglo XVIII se benefició, con la apertura de los puertos mexicanos a todas las naciones en 1821 y la sustitución de los múltiples impuestos por uno de 25% sobre el valor del artículo.

Desde 1824 se empezó a acuñar el peso de plata con el águila, así como usar la letra de cambio. Pero no existía un sistema monetario en la república. Entre 1825 y 1842 cerca de 60 millones de pesos de oro y plata, fueron acuñados.

Así pues, a pesar de que el gobierno nacional estuvo en quiebra durante estas primeras décadas de vida independiente y del constante caos en la vida política del país, la nación continuo avanzando.

Cultura y sociedad.

La sociedad que entro gozosa en la vida independiente significaba el más grande obstáculo para poner en practica la retórica de los políticos. De cada 100 habitantes, 18 eran blancos, 22 castas y 60 indios. El buen numero de criollos pobres constituirían el germen de los grupos extremistas que ambicionaban un cambio radical. Todos aquellos que solo tenían acceso a puestos menores en la administración en la iglesia o el ejercito.

Las circunstancias impulsaron ciertos cambios de actitudes en las clases sociales que permiten agruparlas, después de 1821, en empresarial, eclesiástica, oficialista y popular.

La empresarial estaba constituida por comerciantes, industriales, mineros y grandes hacendados.

La clase eclesiástica tuvo algunos cambios, como el predominio criollo y la radicalización de ideas entre algunos de sus miembros.

La clase oficialista estaba formada por oficiales del ejercito y por la burocracia.

La república iba a tener el ideal liberal de lograr un ejercito profesional pequeño, respaldado por la gran milicia.

En los primeros años de la independencia el ejercito tuvo gastos absurdos, originados por el temor a España y la necesidad de liberar San Juan de Ulúa. Se pidió disciplina y una ley que castigara con rigor a la deserción, pero todo resulto inútil ante un ejercito alimentado con una leva que alistaba por la fuerza a los vagabundos y criminales de la población grandes y a los indios del campo y de los pueblos pequeños. El ejercito en si lo formaban unos cuadros superiores muy nutridos. El deterioro del ejercito continuo al mezclarse sus jefes en las diversas facciones políticas y su situación seria cada vez mas política y menos de defensa.

Los sueldos que recibían situaban a los miembros del ejercito en diferentes clases de la sociedad mexicana. Cada partido que tenia el poder quería tener el apoyo del ejercito.

La clase popular estaba constituida por todos los que no formaban parte de las clases mencionadas es decir, la mayor parte de la población: rancheros, indios, peones, trabajadores de las minas, obreros, sirvientes, vendedores ambulantes, dulceros, voceadores de periódicos, eloteros, lecheros, pepenadores, aguadores, etc. Como sociedad de una época de transición de ideas y actitudes cambiantes, parece difícil de expresar.

La ciudad, como todo el país, era de contrastes. Para las décadas de 1830 a 1840se habían construido suntuosos palacios, sus almacenes ostentaban artículos de lujo, sedas, encajes, vinos, alhajas pero las calles tenían un empedrado que apenas permitió rodar a los soberbios carruajes y estaban llenas de inmundicias que despedían un olor irrespirable.

Las distracciones mas populares eran el juego de pelota, el billar, las peleas de gallos a las que era tan afecto Santa Anna y sobre todo las corridas de toros.

Entre toda aquella gente tan heterogénea había un poco de todo, ricos y pobres, cultos e ignorantes, progresistas y tradicionalistas, racionales y supersticiosos.

Los ideales educativos mexicanos estaban ya expresados en las memorias presentadas por los discípulos novohispanos a las cortés de Cádiz. La constitución de 1812 ordenaba que "en todos los pueblos de la monarquía se establecerán escuelas de primeras letras".

Por lo general los niños de familias ricas estudiaban en su propio hogar con tutores especiales. También había algunos maestros renombrados que enseñaban por una cuota mas o menos razonable. Los niños de familias pobres asistían a escuelas parroquiales, donde aprendían a leer y contar, así como el catecismo. Las niñas asistían a las Amigas donde les enseñaban a leer también, la doctrina y las labores propias de su sexo. En México, la compañía Lancasteriana se fundo en 1822 con la apertura de las escuelas. Pronto se extendieron escuelas mutuas por todo el país, y el método fue declarado oficial para las escuelas gratuitas municipales. Las mesas tenían unas cajillas llenas de arena donde los niños escribían un con un palito, y solo hasta que habían aprendido bien se le permitía usar tinta y papel, materiales muy caros.

En otros niveles educativos los mejores colegios coloniales siguieron siendo el núcleo principal de la enseñanza media, como el de San Juan de Letrán, donde se formaron jóvenes inquietos que ocuparían puestos importantes en la vida del país hacia mediados de siglo.

Muchos de los viejos colegios coloniales, secularizados en parte, se convirtieron en lo que serian los colegios nacionales e institutos científicos y literarios de los estados, que habían de influir en la formación de la primera generación republicana.

México y las ambiciones de los grandes poderes.

El panorama nacional no solo se nubló, según se ha visto, con los problemas internos, sino que en las tres primeras décadas de la nación tuvo que hacer frente a las amenazas externas; las de España que se materializaron en intentos de invasión en 1829; la guerra de independencia de Texas que no puede considerarse un problema interno, por el apoyo abierto que recibió de Estados Unidos, la guerra con Francia de 1938.

El problema de Texas y la invasión norteamericana parecen, vistos a distancia, inevitables. La colonización anglosajona iniciada para proporcionar u refugio a los disidentes calvinistas ingleses, seguros de la corrupción de la vida inglesa y del peligro que corrían en Inglaterra. Como fervorosos creyentes, buscaban fundar la ciudad de Dios en la Tierra, considerándose pueblo elegido. Los antecedentes directos se remontan a los tratados diplomáticos entre el gobierno Español y el Norteamericano.

Algunos mexicanos con visión, como Ramos Arizpe y Lorenzo Zavala, se aseguraron concesiones entierra texana. Texas se convirtió en palabra mágica en Estados Unidos, y una compañía y un banco vendían los permisos otorgados en forma gratuita por los mexicanos.

Muchos mexicanos se preocupaban por el estado de las cosas en Texas, en especial cuando los primeros ministros de Estados Unidos, Poinsett y Butler, expresaron el deseo de comprar Texas, pretensión que ofendió a los mexicanos, pero que tenia tradición entre los norteamericanos, que ya habían comprado tierras a las compañías inglesas, a los indios a los franceses (Luisiana) y a los españoles (las Floridas). La prensa norteamericana comenzó a hablar de la pronta compra de Texas, cosa que aumento la preocupación del gobierno que para entonces recibió el informe del general Mier y Terán en que se pintaba una situación perdida.

El gobierno promulgó una nueva ley el 6 de abril de 1830 por la cual Texas pasaba a depender de la federación en cuanto a asuntos de colonización, además de prohibir la entrada de nuevos norteamericanos al estado.

Mientras tanto, la nueva ley de abril de 1835 que prohibía la venta de tierras para evitar la especulación, había caldeado los ánimos de Texas.

Santa Anna tomado prisionero firma los tratados de Velasco, y ordeno a los mexicanos retirarse, más, esta retirada no obedeció a las ordenes del prisionero, sino a la falta de elementos para enfrentarse al enemigo.

Francia declara la guerra a México, pide el pago inmediato de las reclamaciones más doscientos mil pesos por gastos de guerra.

Mientras tanto el comercio de Santa Fe había familiarizado a los norteamericanos con regiones del oeste de Texas, y los ojos empezaron a fijarse en California. A pesar de los esfuerzos de México por impedir que se repitiera la historia de Texas, California se fue llenando de norteamericanos. Una escuadra norteamericana apareció desde 1840 frente a las costas del pacifico. Los mormones se asentaron en Utah y miles de norteamericanos entraron al Oregon.

El primer intento de anexión fue rechazado por el congreso y, para evitar un segundo tropiezo, se ideo pedir una resolución conjunta de las dos cámaras, que podía pasar por simple mayoría. Los norteamericanos no entendían la tozudez mexicana, pues a pesar de necesitar dinero, se negaban a vender tierras deshabitadas.

El cónsul norteamericano en California tenia instrucciones de repetir el episodio texano.

Estados Unidos invade México, donde a pesar de la popularidad de la guerra no fue posible organizar la defensa. Se carecía de un verdadero ejercito, de armas y de dinero. El 13 de enero de 1847, toda la alta California quedó ocupada. México se rehusaba a negociar la paz. Santa Anna se multiplico tratando de conseguir fondos, reunir hombres y comprar armas. Estuvieron a punto de obtener la victoria en San Luis Potosí.

Gómez Farias, expidió un decreto el 11 de enero de 1847 que ordenaba la ocupación de bienes eclesiásticos hasta por quince millones de pesos. Mientras el ejercito de Santa Anna se retiraba, después del fracaso de Angostura y se iniciaba el asedio de Veracruz. Santa Anna regreso el 21 de marzo, se hizo cargo del ejecutivo y restableció la paz. Al final se vio obligado a derogar el decreto a cambio de 10000 pesos para organizar la defensa.

La guerra había costado a Estados Unidos 25400 soldados de los 104284 movilizados para hacer la guerra. Frente a la penuria de la hacienda mexicana, Estados Unidos gastaron 122 051 040 dólares. Los grandes territorios obtenidos valían, sin duda, el esfuerzo y el gasto, y permitían a Estados Unidos convertirse en potencia continental. Los meses de ocupación norteamericana servirían para los sueños mexicanas de grandeza de 1821 se esfumaran por completo. A pesar de la costosa perdida, el país superaría el peligro de desintegración, y el pesimismo profundo y la experiencia traumática despertarían la conciencia nacional.
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